4 de enero de 2013

Murakami, una inspiración para el corredor popular

Hace cosa de un mes terminé de leer mi primera novela de Haruki Murakami, la fascinante Kafka en la orilla. Se trataba de una novela de corte surrealista, muy de mi gusto, que tenía ganas de abordar y que puede ser el inicio de una larga serie de lecturas de la obra del Sr. Murakami.

Haruki Murakami en una imagen del 2005. (CC) wakarimsaita

Sin embargo no es de esa novela de la que os quiero hablar, si no de otro libro de Murakami que terminé de leer ayer mismo y que tiene el evocador título "De qué hablo cuando hablo de correr". Muchos de vosotros ya lo conoceréis. Se trata de un ensayo (que el propio autor califica como de "casi" unas memorias) sobre su propia afición a correr, de como surgió, de como la continuó, de como prepara maratones y triatlones, y de los altos y bajos de esa afición.


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Portada de la versión en Inglés del Libro. (CC) extra-minty at Flickr

Es un libro muy personal pero que refleja muy bien el sentir de la mayoría de corredores de fondo populares a lo largo del planeta. Cualquiera que lo lea se verá reflejado en más de un pasaje. A mi me gusta especialmente como combina su pasión por el correr con su actividad como novelista hasta el punto que es dificil decir que es lo que le reporta mayor satisfacción personal. También me gusta cuando habla de como dejó una temporada de correr sintiendo lo que el llama "la tristeza del corredor". Y también, el hecho que empezase a correr con 33 años, la misma edad a la que empecé yo.

Aquí os dejo un pasaje que plasma muy bien la filosofía del libro:
Si el sufrimiento no formara parte de ellos, ¿quién iba a tomarse la molestia de afrontar desafíos como un maratón o un triatlón, con la inversión de tiempo y esfuerzo que conllevan? Precisamente porque son duros, y precisamente porque nos atrevemos a arrostrar esa dureza, es por lo que podemos experimentar la sensación de estar vivos; y si no experimentamos esa sensación plenamente, sí al menos de manera parcial. Y, a veces (si todo va bien), podemos aprender que lo que de veras da calidad a la vida no se encuentra en cosas fijas e inmóviles, como los resultados, las cifras o las clasificaciones, sino que se halla, inestable, en nuestros propios actos.
Sin duda, esta lectura me ha llegado en un momento idóneo. Tras dos meses de parón estoy retomando mis entrenamientos y volviendo a disfrutar de calzar unas zapatillas amortiguadas por las sendas y caminos. Ahora es el momento de ponerse objetivos, para que el desanimo no me sobrevenga, y con esta lectura aún fresca seguro que tendré un plus de convicción para ponerme una meta que implique una buena ración del sufrimiento que Murakami menciona en el pasaje anterior.

Desde luego, os recomiendo su lectura. Seguro que os sentiréis reflejados en más de una ocasión.